lunes, febrero 13, 2006

El país que no miramos...

La certeza de escribir esta carta nació con el contacto directo de la realidad de ese país que no miramos o que, muchas veces, preferimos no mirar. Visitar, en condición de padrinos, la escuela rural número 1048, en el paraje 115 de la localidad de Garabato, allí en la Santa Fe profunda, terminó generando esta necesidad de sumar aliados. Hay un país que no se ve y que duele. Y cuando ese país deja de ser una fotografía y se convierte en la realidad misma, el dolor aumenta. Allí nuestra Argentina se parece a lo que no queremos que se parezca: a Tanzania, a Sierra Leona, a Burkina Faso. Y la comparación no es exagerada: según datos oficiales, el 85% de los 400 habitantes son indigentes. Llovió sólo una vez en los últimos 7 meses y casi no hay agua. Todo lo que comen los chicos durante el día lo hacen en el comedor de la escuela, al que el Estado le da$ 1,45 por alumno por día (0,60 para desayuno y merienda y 0,85 para el almuerzo). Poco, demasiado poco. En ese contexto, una escuela rural (como ésta, como tantas) termina siendo una esperanza, casi la única.La visita generó también un entusiasmo: a cada uno de esos 52 chicos les sobra afecto para brindar. Un par de zapatillas para cada uno, alguna golosina o una pelota de fútbol para los recreos son el disparador del agradecimiento infinito, del recuerdo imborrable, de la emoción denunciada por esas lágrimas que asomaban. Fue un día feliz y un espacio para la reflexión: tomar conciencia de que todos, al menos un poco, podemos aportar apadrinando una escuela. Como los amigos solidarios de Los Juglares o como la gente de APAER. El resultado merece el esfuerzo: nunca habrá olvido para cada una de esas 52 sonrisas de gratitud.

Fernando Kejval
fernandokejval@yahoo.com.ar

Carta publicada el viernes 2 de diciembre de 2005 en el diario Clarín (www.clarin.com)