La faceta solidaria del Misura, desde 1993 en el Torneo de fútbol de la UBA. Una búsqueda colectiva en nombre de lo que Eduardo Galeano llama "El Arco Iris Terrestre", ese mundo de todos.
Una buena noticia para todos: el Tratado Global de Océanos, un acuerdo histórico en la ONU para la protección de los Océanos -sí, repetido y con mayúscula. Lo que sigue es una suerte de celebración a través de una carta y un video ofrecido por Greenpeace Argentina:
Hola Waldemar,
Sí, lo hicimos una vez más.
Gracias a tu apoyo, tu aporte mes a mes, y tu participación logramos el triunfo.
Hoy celebramos el resultado que tanto esperamos: un acuerdo histórico en la ONU por la protección de los océanos.
El cambio climático, la pesca industrial, la contaminación por plásticos, la extracción de petróleo (se agrega: sin control) y la minería (se agrega: sin control) ponen en peligro los océanos.
Y este es el primer paso para que por fin nuestro planeta pueda contar con santuarios marinos estén a salvo de forma total.
En Greenpeace trabajamos desde hace años para que los gobiernos de cada país impulsen un Tratado Global de los Océanos.
Este acuerdo permitirá, por ejemplo, defender el área del Agujero Azul a través de la creación de santuarios marinos que puedan resguardar la biodiversidad.
Allí cientos de flotas pesqueras arrasan con todo a su paso, justo en el límite de la zona económica exclusiva de nuestro país.
• Navegamos casi un año desde el Polo Norte al Polo Sur a bordo de nuestros barcos Esperanza y Arctic Sunrise y expusimos la frágil situación de las aguas internacionales y los riesgos que enfrentan.
• Durante este viaje llegamos al océano Atlántico Sur para denunciar la pesca sin control que se desarrolla en la zona y pone en peligro a la ballena franca austral.
•Trabajamos para que los distintos gobiernos se comprometieran a apoyar el establecimiento de este acuerdo.
• Estuvimos presentes, año tras año, en las discusiones por el Tratado Global de los Océanos en la ONU.
Esta victoria nos recuerda que el poder de la gente funciona. Ahora, nuestra misión continúa.
Queremos que la protección de los océanos sea una realidad.
Gracias por acompañarnos y ser socio activista de Greenpeace.
Esos disparos fueron los últimos sonidos que escucharon. No hacía falta que nadie les explicara nada. Ellos -futbolistas, hombres sufridos en días de guerra- sabían por qué los mataban. Habían tenido una osadía grande: ganarle al equipo que no debía perder. En la Ucrania invadida por la Wehrmacht -las fuerzas armadas de la Alemania nazi-, los jugadores del FC Start (conformado por mayoría de futbolistas del Dinamo de Kiev) habían vencido a esos rivales que -bajo el ala protectora de Hitler- sólo conocían los encantos de las victorias fáciles.
Eduardo Galeano, desde la Vecina Orilla, los evocó: "También para los nazis, el fútbol era una cuestión de Estado. Un monumento recuerda, en Ucrania, a los jugadores del Dínamo de Kiev de 1942. En plena ocupación alemana, ellos cometieron la locura de derrotar a una selección de Hitler en el estadio local. Les habían advertido:
-Si ganan, mueren.
Entraron resignados a perder, temblando de miedo y de hambre, pero no pudieron aguantarse las ganas de ser dignos".
El lugar de nacimiento de este equipo sin olvido, orgullo de su tierra y del deporte, fue una panadería. Allí se juntaban muchas personas para conseguir un trabajo que no había. Josef (o Iosif, según el idioma) Kordik, el dueño del local, era fanático del Dínamo y del fútbol. El origen alemán le había salvado la vida y el trabajo. Allí, en ese espacio que era un refugio entre bombas y hostilidades, Nikolai Trusevich -ex arquero del Dinamo- trabajaba a escondidas a cambio de cama y de comida. Josef fue el primer audaz: le propuso armar un equipo de fútbol. Nikolai le sumó su cuerpo enorme y su entusiasmo gigante: se puso a reclutar antiguos compañeros. Era el principio del Football Club Start.
El hambre no los hizo débiles. Allí estaban ellos para demostrarse y demostrar que juntos podían afrontar las adversidades más crueles. Además del arquero, había otros siete jugadores del Dínamo en el grupo: Mikhail Putistin, Ivan Kuzmenko, Makar Goncharenko, Mikhail Svyridovskiy, Fedir Tyutchev, Mykola Korotkykh y Oleksiy Klimenko. A ellos se sumaron tres integrantes del Lokomotiv Kiev: Vladimir Balakin, Mikhail Melnyk y Vasil Sukharev. Entre junio y julio de 1942 se mostraron como un equipo imbatible: vencieron a equipos de distintas reparticiones militares; los golearon y se lucieron. Fueron seis triunfos, con cuarenta goles a favor.
Ya en agosto, el día 6, derrotaron por 5-3 al Flakelf, el equipo de la Fuerza Aérea de Alemania. Era una afrenta para los representantes del Tercer Reich. Enseguida los vencidos pidieron revancha y determinaron quién iba a ser el árbitro. No podía ser de otro modo: el elegido era un integrante de las SS. El desarrollo del partido, disputado en el estadio Zenit, fue similar a como lo mostró la película "Evasión o victoria" (en la Argentina, "Escape a la victoria"), inspirada en este partido. Patadas permitidas para el equipo alemán, un gol con el arquero lesionado, infracciones de todo tipo, empujones, amenazas. A pesar de todo eso, el primer tiempo finalizó 2-1 para el equipo de la panadería de Kiev.
Lo que pasó en el entretiempo, considerando el desenlace, resulta previsible de imaginar: a los jugadores del equipo del barrendero Trusevich les explicaron que no debían ganar. El precio de la victoria era el más caro: la vida. Pero ellos -deportistas desde el alma- aceptaron pagarlo. Fueron mejores durante todo el segundo tiempo. Ya con el resultado 5-3, los ucranianos seguían brillando. Demostraban toda su superioridad en el campo de juego. Lastimaban el orgullo nazi, como aquellos peruanos de los Juegos Olímpicos de 1936, en la victoria ante Austria. Ellos -los refugiados del panadero Josef- ya sabían que ese atrevimiento traería consecuencias.
Lo que pasó después fue una tragedia en medio de la tragedia. Tras el partido, los dejaron festejar a los ucranianos. Pero averiguaron dónde se refugiaban. Y los obligaron a volver a jugar. Lo que pasó lo recordó el periodista Santiago Siguero, en el diario Marca, al cumplirse esta semana 69 años de aquel encuentro: "Esa segunda derrota fue demasiado para los alemanes, que prepararon la venganza en frío. Una semana después, el 16 de agosto, el Start volvió a ser obligado a jugar ante el Rukh (8-0). Tras el partido, la Gestapo arrestó a varios jugadores, oficialmente por pertenecer a la NKVD, el órgano represor de Joseph Stalin. En realidad, uno de ellos, Korotkykh, ya había sido detenido antes del partido del 6 de agosto y murió unas semanas después, tras ser torturado. El resto fueron enviados al campo de trabajo de Sirets, donde Klymenko, el portero Trusevich e Ivan Kuzmenko fueron ejecutados en febrero de 1943". La leyenda cuenta que Trusevich murió con el buzo de arquero puesto...
El escritor mexicano Juan Villoro, impecable hombre de las palabras y un preciso observador del fenómeno del fútbol, puso aquel hecho en su lugar. Lo describió así: "La historia del fútbol mundial incluye miles de episodios emotivos y conmovedores, pero seguramente ninguno sea tan terrible como el que protagonizaron los jugadores del Dinamo de Kiev en los años cuarenta. (...) En la muerte dieron una lección de coraje, de vida y honor, que no encuentra, por su dramatismo, otro caso similar en el mundo".
Los homenajes brotaron con el tiempo: se filmaron películas y documentales, se escribieron libros y cuentos, se erigieron monumentos, se alimentó con adjetivos la épica de aquel grupo de futbolistas. Pero hubo y hay un modo de evocarlos que es pasado, presente y futuro: los poseedores de una entrada de aquel partido de la muerte tienen derecho perpetuo a un asiento gratis cuando juegue el Dinamo. Esos ojos que todavía miran son, tal vez, el mejor tributo a ese equipo víctima del horror.
Fue un segundo que le partió la vida en dos. Voló, como en tantas otras ocasiones similares: elástico, seguro, convencido. El remate de Alcides Ghiggia traía la pelota que lo debía consagrar para siempre como lo que era: un arquerazo. Pero esta vez, la decisiva, la más importante, la del destino, Moacir Barbosa Nascimento no llegó. En ese instante que todavía parece durar, aquel 16 de julio de 1950, el Maracaná era un monstruo de más de 200.000 cabezas, un hervidero de gente sólo preparada para la felicidad. Pero Uruguay, el ocasional invitado al festejo de Brasil, terminó siendo el dueño de la alegría propia y del silencio ajeno.
Se vivió como una tragedia deportiva en Brasil y luego se le puso nombre en el mundo: Maracanazo. También se eligió un responsable desde entonces y para siempre: Barbosa. "Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el estadio sobre mí", contó entre sollozos el arquero, ya con la certeza de que Brasil se había quedado a la sombra del capítulo más épico del fútbol mundial. Las consecuencias las retrató también el escritor uruguayo Eduardo Galeano: "Los moribundos demoraron su muerte y los bebés apresuraron su nacimiento. Río de Janeiro, 16 de julio de 1950, estadio de Maracaná: la noche anterior, nadie podía dormir; y la mañana siguiente, nadie quería despertar".
Obdulio Varela, partícipe imprescindible y símbolo de la hazaña de La Celeste, peón de albañil, laburante del fútbol y militante de los rezagados, abrazó a los vencidos y bebió la derrota junto a ellos por los mostradores de Río de Janeiro. Palabras más, palabras menos, contó más tarde sobre el gol de Ghiggia: "La culpa no fue de Barbosa. A esa pelota la hizo entrar el destino". Que el Negro Jefe lo eximiera no le alcanzó tampoco a Barbosa.
Hasta ese momento, Barbosa se había ganado un pedazo de la historia. Nacido en Campinas, San Pablo, en marzo de 1921, empezó a jugar al fútbol en Almirante Tamandaré, un modesto club de su ciudad. Lo ponían de wing para aprovechar su velocidad. Al arco llegó mucho por casualidad y un poco por pereza: no le gustaba correr demasiado durante los partidos. Para comer, lavaba vidrios; también atajaba para sus empleadores en el Laboratorio Paulista de Biología, a modo de changa. El siguiente paso fue decisivo: le ofrecieron jugar para Ypiranga, un equipo pequeño de la Liga de San Pablo de entonces.
Sorprendía por su destreza. Y por eso lo contrató Vasco da Gama: se mudó a Río de Janeiro y pronto se hizo crack. Fueron los mejores años del club carioca: con su emblemático equipo conocido como El Expreso de la Victoria (Expresso da Vitória, en portugués) ganó cinco Estaduales en ocho años (entre 1945 y 1952) y el Campeonato Sudamericano de Campeones de 1948 (una suerte de antecedente de la Copa Libertadores). Luego Barbosa jugó también en Bonsucceso, Santa Cruz y Campo Grande.
Su llegada al seleccionado verdeamarelo fue un paso natural e inevitable. Un año antes del Maracanazo, había ganado la Copa América. Pero el día de la maldición llegó y transformó un paraíso en infierno. Lo contó el periodista Ariel Scher, en su espacio De Rastrón: "Barbosa, que merecía los derechos de un individuo corriente, se volvió esclavo de esa circunstancia durante el medio siglo completo que transcurrió desde el instante en el que aquella pelota tocó la red hasta la hora en la que él respiró el último de sus aires. Se lo señalaron en las veredas modestas de Río de Janeiro en las que parecía haberse quedado sin sitio, en los ómnibus en los que viajaba con las miradas de los otros astillándole la piel y en las tribunas desagradecidas que antes le habían aplaudido hasta los tiros que tapaba con las uñas".
Fue declarado culpable sin razón y sin juicio. Y condenado a cadena perpetua por todas las tristezas que el gol de Ghiggia había generado. Con él fueron injustos y hasta miserables. En 1993, en plena disputa de las Eliminatorias para el Mundial de los Estados Unidos, Barbosa quiso pasar por la concentración brasileña a saludar a los futbolistas. Fue hasta la puerta. No lo dejaron entrar. "Que no pase y que no vuelva", fue la orden de las autoridades. Ya entonces, Barbosa vivía de prestado en la casa de una cuñada y se alimentaba gracias a una jubilación de hambre. Lo dijo y lo escribió el periodista Armando Nogueira: "Fue la persona más maltratada de la historia del fútbol brasileño. Era un arquero magistral. Hacía milagros, desviando con mano cambiada pelotas envenenadas. El gol de Ghiggia, en la final de la Copa de 1950, le cayó como una maldición. Cuanto más pasa el tiempo, más lo absuelvo. Aquel partido Brasil lo perdió en la víspera".
En una noche de viernes de abril de hace 10 años, murió Barbosa. Solo, olvidado, despreciado. En Praia Grande, donde entonces vivía y donde lo enterraron luego, no había más de cincuenta personas para despedirlo. Lo evocó un viejo rival, Idario Peinado, estrella del Corinthians en los años 50. Y sobre su ataúd habitaba una bandera del Club Atlético Ypiranga, que entonces ya no jugaba más al fútbol profesional. No había dirigentes, ni famosos, ni autoridades nacionales. Barbosa era un olvido. Lo retrató el escritor mexicano Juan Villoro, autor de Dios es Redondo: "El primer arquero negro de la historia de la selección brasileña murió pobre, humillado y condenado. La prensa casi no registró su muerte. Barbosa no se habría sorprendido. La segunda muerte de Barbosa será la definitiva".
Texto publicado por el fundador del blog en Planeta Redondo y Misión Mundial.
Arriba, el trailer (versiòn en español) de la pelìcula Los chicos del coro (Les choristes, el tìtulo original), del francés Christophe Barretier. Abajo, el trailer oficial de Escuela de Rock (School of Rock), de Richard Linklater. Dos modos de entender la mùsica. Y un mismo modo de enseñar: abrazando la profesión, más allá de formalidades.
Más:
Los detalles de Les choristes, en IMDB.
Los detalles de School of Rock, en IMDB.
El papa Francisco publicó hoy su esperada encíclica sobre medio ambiente en la que advirtió contra el comportamiento "suicida" de un sistema económico mundial que ha convertido el planeta en un "depósito de porquería".
El pontífice afirmó que "el estilo de vida actual" es "insostenible", denunció el "mecanismo consumista compulsivo" que contribuye a la destrucción del planeta y aboga por hacer una "sana presión" contra quienes tienen "el poder político, económico y social".
La encíclica, de 191 páginas, es la primera que escribe en solitario Bergoglio -la anterior la había empezado su predecesor, Benedicto XVI- y en él realiza una clara crítica a los poderes económicos por buscar el beneficio financiero y así ignorar sus consecuencias "sobre la dignidad humana y el medioambiente".
"Lo que está ocurriendo nos pone ante la urgencia de avanzar en una valiente revolución cultural", dijo el Papa, quien advirtió de que no propone "volver a la época de las cavernas", pero sí "aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera".
El Papa dice claramente en el documento que el cambio de costumbres que pide incluye la decisión de sustituir el uso de los combustibles fósiles y el desarrollo en su lugar de las fuentes de energía renovables para reducir las emisiones de gases contaminantes.
Considera "urgente e imperioso" desarrollar políticas que en los próximos años permitan reducir esas emisiones y se fija especialmente en la necesidad de reemplazar progresivamente la explotación del carbón, el petróleo y el gas por otras energías sostenibles.
Bergoglio no valora positivamente las cumbres mundiales celebradas en los últimos años para intentar tomar decisiones contra el cambio climático porque detecta que en ellas faltó "decisión política", debido a que los países participantes privilegian "sus intereses nacionales sobre el bien común global" y denunció la "miopía" del poder en relación con los retos planteados.
Para el Papa el problema está en que "hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos”.
Una parte importante de la encíclica se detiene en lo que el Papa denomina la "deuda ecológica" entre el norte y el sur, creada por los desequilibrios comerciales consecuencia de la explotación de los recursos naturales de unos países por parte de otros.
"Con frecuencia las empresas que obran así son multinacionales, que hacen aquí (en los países del sur) lo que no se les permite en países desarrollados", dijo el el pontífice argentino, quien denunció que los pueblos en vías de desarrollo siguen alimentando el progreso de los más ricos.
Por eso Bergoglio pide que los países desarrollados ayuden a los países más necesitados y apoyen políticas y programas de desarrollo sostenible, además de fijarse específicamente en áreas como la Amazonia, donde hay "propuestas de internacionalización" que "solo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales".
En la encíclica, Francisco aborda numerosas cuestiones que tienen que ver con las consecuencias del sistema económico predominante y su impacto sobre el planeta y la vida de sus habitantes, como la escasez y deficiencia de las vivienda en muchas partes del mundo, el control del agua por multinacionales o la cuestión de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM).
Bergoglio pide facilitar el acceso de las personas más necesitadas a una vivienda propia, porque esa es una "cuestión central de la ecología humana" y aboga por un transporte público que sea prioritario, porque contribuirá a reducir la contaminación y hará más fácil la vida de las personas.
El pontífice critica que se llegue a poner en manos de empresas transnacionales el agua disponible, puesto que el acceso al agua potable es "un derecho humano básico, fundamental y universal" y favorecer que las multinacionales la controlen puede ser una fuente de conflictos.
Sobre los OGM Francisco pide una reflexión "responsable y amplia" sobre su desarrollo y uso porque su expansión "arrasa el complejo entramado de los ecosistemas" y puede favorecer el desarrollo de oligopolios en la producción de granos.
Por último, tiene también espacio en la encíclica para criticar el tratamiento dado a los bancos, para salvarlos "a toda costa" en detrimento de las personas "sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema", una propuesta transversal en este documento presentado hoy en el Vaticano.
Una escueta e interesante mirada sobre la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Un ejercicio de la imaginación. El descubrimiento de los sonidos escondidos. Y una introducción al realismo mágico...
Sucedió hace más de una década. Pero no pierde actualidad. Esta exposición del inglés Ken Robinson -especialista en educación- fue la más vista dentro del contexto de las charlas TED. Reflexiona sobre la escuela y sobre la creatividad. Dice que la primera, muchas veces, mata a la segunda... En definitiva, se trata de una invitación para pensar y para resignificar.
Darío Sztajnszrajber, filósofo, docente, pensador. Una palabra o un montón de ellas en nombre de atravesar y/o abordar la educación desde lo filosófico. Un buen retrato oral para reflexionar y preguntar y responder y volver a preguntar. Muchas veces.
Masha y el Oso, el video para niños más visto en la historia de YouTube, es una joya nacida en la Federación Rusa. Cada capítulo es una invitación a un mundito nuevo, a una enseñanza, a una pregunta, a más inquitudes, a mucha belleza. Modesta sugerencia no se lo pierdan (sean chicos, medianos, grandes o de la edad que imaginen).
Jorge Drexler, con su música imperecedera que hace magia, con un deseo para 2022: hacenos bien.
Eduardo Galeano, con sus sensatez para que sigamos siendo un poco locos, también ahora, sobre todo ahora: "Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas. Yo soy caminante, a la orilla del río que llamamos mar, aquí en Montevideo, camino horas de horas, y las palabras caminan dentro mio y conmigo. A veces se van, y me cuesta seguir solo, sin ellas".
Más:
Con nuevos proyectos solidarios asociados a Misura Leyendas...
Bolívar y Humberto 1º, esquina porteña. San Telmo se agita con el tránsito semanal y el turismo transeúnte. En ese rincón urbano, marcado a presión entre dos puertas altas y flacas, una más oscura que la otra, Diego Armando Maradona se estira en su pose icónica para impulsar la pelota con su rodilla derecha. La obra le pertenece a las manos talentosas deDavid Luzza, quien pintó el mural en 2016. Puede que lo hayan visto en el libro Buenos Aires, arte urbano, entre las 100 piezas más bonitas de la ciudad. O, mejor, que se lo hayan encontrado callejeando por ahí. Si no, ya saben donde ir a verlo: Bolivar, a mano izquierda en sentido del tránsito, antes de llegar a Humberto 1º. (Revista Un Caño).
Sí, ahí está el, como su impronta de mago, abriendo las puertas del Cielo, de su Cielo.
Sí, la imagen que también decora nuestra camiseta del Misura Leyendas y tantos rincones del mundo y de la historia y de los cielos de los cielos.
Desde acá, nosotros, modestos terrenales, te decimos lo de todos los días: gracias, perpetuas gracias.
"Golaaaaaaazoooooooo", grita el relator como si no le importara
quedar disfónico al día siguiente, por una semana o por toda la vida.
Celebra como si la felicidad dependiera de ese partido. El estadio
Nacional de San José resulta el paraíso por un rato. De repente, los
desconocidos parecen amigos de toda la vida. Y se abrazan. Joel Campbell
acaba de marcar el tercer gol de Costa Rica frente a Estados Unidos,
por las Eliminatorias para Brasil 2014. El delantero es moreno, nació en
esa misma ciudad que ahora lo ovaciona, lleva el número 12 en la
espalda y todos lo conocen por un apodo, La Joya. A los 21 años, juega para el Olympiakos de Grecia, cedido por el Arsenal inglés. Es la cara de una victoria clave para Los Ticos. Queda
enterrado por sus compañeros en el grito compartido por todos. Al
levantarse, sonríe. Sabe que cumplirá un sueño en breve: ser uno de los
pocos futbolistas en haber disputado Mundiales de las tres categorías
(ya jugó en Sub 17 y Sub 20). La escena sucedió en este setiembre,
cuatro días antes del empate 1-1 frente a Jamaica, en Kingston, que
garantizó el acceso de Costa Rica a su cuarta Copa del Mundo.
Hay
otro personaje emblemático en el festejo. Y no es costarricense. Se
llama Jorge Luis Pinto, nació en San Gil -Colombia- y, según dicen los
especialistas, es uno de los entrenadores que más sabe sobre el fútbol de Centroamérica y el Caribe. Fue
campeón en las cuatro Ligas en las que dirigió: Colombia, Perú, Costa
Rica y Venezuela. Tiene un apodo que lo retrata: le dicen Explosivo. Y
un aspecto que lo podría llevar al cine: si se dejara siempre el
bigote, aprobaría cualquier casting para un western mexicano. Con él, La Sele se
clasificó incluso antes de que las Eliminatorias de la Concacaf
finalizaran. A su equipo le quedan dos partidos y Pinto ya anda buscando
lugares para la concentración en la tierra de los pentacampeones. El,
como casi nadie, entiende el significado que para los constarricenses
tiene el seleccionado nacional. Lo aprendió en su primera experiencia,
entre 2004 y 2005. Lo demuestra ahora, con su festejo entre abrazos.
El
fútbol en Costa Rica resulta una cuestión central, un espacio de
pertenencia que excede el campo de juego. Ahora, vía mail, el sociólogo
Sergio Villena Fiengo -especialista en el tema- cuenta los detalles del
significado de La Sele: "Costa Rica es un país que abolió el
ejército en 1948 y que no tuvo guerra de la independencia como tal
(aunque en 1856 tuvo que repeler a un filibustero norteamericano,
William Walker, lo que convirtió a esta 'gesta' en un suerte de guerra
de independencia). Por otro lado, Costa Rica definió como núcleo de la identidad nacional la idea de ser una sociedad pacífica y democrática. En
ese marco, el futbol de selecciones masculinas mayores es un espacio
ritual en el que de alguna manera se produce un 'retorno de lo bélico
reprimido'. El discurso en torno a la selección está cargado de
retórica belicista y épica, con elementos que resaltan la
masculinidad/virilidad, así como la idea de 'conquista'. Este discurso,
usual entre los medios de comunicación, también se constata en el
discurso publicitario y en las manifestaciones de algunos aficionados,
sin dejar de lado el propio equipo. Es significativo que en
eliminatorias pasadas, se publicaran anuncios o se exhibieran mantas con
la leyenda '¿Quién dijo que Costa Rica no tiene ejército?'. En resumen, la Sele
parece ser imaginada, al menos por algunos, como un 'ejército
sustituto'". El deporte rey en este territorio de América Central
resulta frecuentemente un espejo de otras cosas.
En este país de
poco menos de cinco millones de habitantes, una frase adjudicada a
Albert Camus se transforma en verdad cada vez que La Sele
juega: "Patria es la selección nacional de fútbol". El equipo
representativo se fue transformando en un símbolo de defensa nacional,
tal como lo sugiere también el escritor Juan Villoro en su libro Dios es redondo. Lo
que sucedió tras la notable actuación en el Mundial de Italia, en 1990,
es un testimonio al respecto. El entonces presidente Rafael Angel
Calderón ofreció las siguientes palabras: "Hemos esperado más de 30 años
para esto y nos han dado lo más maravilloso que ha ocurrido en la
historia costarricense (...), lo más grande que nos ha dado Dios". No es
realismo mágico; es el fútbol de Costa Rica en estado puro.
Sucedió
aquella vez, de regreso de Italia, pero podría suceder en estos días o
en cualquier momento. La escena es un encanto y una locura: el avión que
trasladaba al seleccionado de los asombros, ese que en su estreno en
una Copa del Mundo había accedido a los octavos de final, voló durante
un puñado de horas a velocidad mínima por los 51.100 kilómetros
cuadrados de territorio costarricense para recibir el cariño de cada uno
de los ciudadanos a los que el orgullo no le cabía en el cuerpo, en el
alma ni en ningún lado. En el mismo contexto, antes ya se había armado
desde el Gobierno una Comisión de Recibimiento y se había decretado
asueto. Se crearon carrozas para trasladar a los futbolistas al Estadio
Nacional; fueron saludados por el Presidente, la Primera Dama y todos
los ministros; las empresas privadas regalaban banderas con los colores
patrios. La gente lloraba emociones en las calles. De aquellos días de hace dos décadas todavía se habla ahora que el equipo de ellos, de todos, imagina otro Mundial...
Este seleccionado que ahora es motivo de orgullo fue, durante cinco décadas, la historia de un crecimiento. En los 50, a La Sele se la conocía como Los Chaparritos de Oro.
En los treinta años posteriores quedó presa de vaivenes. Un golpe y un
espasmo glorioso y otro golpe. Apenas un par de aproximaciones la
pusieron en la escena internacional: en los Juegos Olímpicos de Los
Angeles 1984 -con la histórica victoria ante Italia, 1-0 con gol de
Enrique Rivers- y la participación en el Mundial Sub 16 de China, en
1985. Eran días de búsquedas y de construcciones. Lo que sucedió pronto
fue una consecuencia enorme y atractiva: un lustro después, Luis Gabelo
Conejo atajaba como si fuera Superman y Juan Cayasso construía jugadas a
la velocidad supersónica del Hombre Araña. Parecía magia, pero era
realidad: así lo demostraron las posteriores presencias en Japón-Corea
2002 y en Alemania 2006. Más: en el Mundial Sub 20 de 2009, Costa Rica
se posó a gusto en las semifinales (terminó cuarto detrás de tres
escuelas de distintos continentes, Ghana, Brasil y Hungría).
Pero
más allá del progreso visible, el fútbol representa muchas más cosas en
Costa Rica. Es un modo de mostrarse en la región y en el mundo; un lugar
en el que Los Ticos se pintan la cara para contarles a todos
que esos colores son los de su bandera que nada sabe de guerras. El
fútbol se interpreta como una manera de establecer contacto. La anécdota
que sigue sucedió hace poco más de una década: en ocasión del Mundial
Sub 17 de 2001, en Trinidad y Tobago. Los pibes de Costa Rica venían de
derrotar 3-0 a Paraguay, en Malabar. El micro con el plantel iba rumbo a
Puerto España, la capital. En el recorrido, varados, estaban dos
periodistas argentinos procurando transporte. No habían aparecido gestos
de generosidad hasta que los Ticos decidieron parar allí, en
plena oscuridad, para auxiliar a los desconocidos. Preguntaron,
invitaron, hablaron de Maradona, de Batistuta, también de los días
inolvidables de 1990. Entre los costarricenses estaba el mismo Conejo
que France Football había señalado como el mejor de la
Copa del Mundo de Italia. "Ellos vienen con nosotros", dijeron los
muchachos del seleccionado en el restorán del hotel para que los
argentinos no se quedaran sin comida. El diálogo continuó más allá de la
cena. Aquella sobremesa era otra demostración: Costa Rica -país de
abrazos- latía de fútbol. Como ahora.
Este emprendimiento -nacido como una extensión del Misura fundacional- es el resultado de la voluntad de colaborar de un grupo de amigos. Sobre todo en dos aspectos centrales: primero, la educación en ámbitos desprotegidos; y luego, una cuestión nacida de esa experiencia, la realidad medioambiental y sus efectos. También se trata de un espacio de construcción y de reflexión. Apenas eso. Todo eso.
Misura Solidario
El Misura es mucho más que un equipo de fútbol que lleva más de tres décadas participando en el Torneo de la UBA. Resulta, sobre todo, un lugar de pertenencia y un ámbito en el que la solidaridad sucede. También, en este espacio, en este blog que nos cuenta.
Nuestro amigo
Sin querer queriendo, Eduardo Galeano resultó nuestro prudente consejero, de esos que poco hablan y mucho dicen. También fue pertinaz defensor y militante de los valores que el Escudo del León representa: la amistad, la solidaridad, la inclusión y la diversidad. Por todo eso, Querido Maestro, lo consideramos Nuestro Amigo. Por todo eso, muchas gracias.
Corazón de Favaloro
Leyenda universal de la cardiología, defensor a ultranza de la educación pública, el Doctor René Favaloro también es parte de esta construcción del Misura. Como emblema, como mensaje. Estamos seguros de que se hubiera vestido de azul. Como nosotros. Como tantas veces lo hizo el Gimnasia de su corazón.
Ellas y los Derechos Humanos
Acompañamos las búsquedas de Abuelas de Plaza de Mayo y de Madres de Plaza de Mayo en todas sus dimensiones y alcances. Una Argentina saludable sólo es posible con: Memoria, Verdad y Justicia
La encíclica Laudato Sí
Del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la Casa Común
La Encíclica Fratelli Tutti
Del Santo Padre Francisco sobre la Fraternidad y la Amistad Social
ACNUR, una búsqueda imprescindible
ACNUR es la Agencia de la ONU para los Refugiados. Millones de personas necesitan la ayuda de ACNUR para sobrevivir y ver sus derechos protegidos. Con más de 70 años de experiencia, la Agencia trabaja en más de 130 países para atender las necesidades de todas las personas que han tenido que huir a causa de la guerra, la persecución o la violación de los derechos humanos. Hacé clic en la imagen para COLABORAR y DIFUNDIR.
Médicos Sin Fronteras
En un mundo distópico, MSF es una búsqueda para llegar a los más vulnerados y vulnerables. Con un objetivo: mejorar la vida de las personas en ámbitos hostiles. Podés ASOCIARTE y COLABORAR haciendo clic en la imagen.
La Agenda 2030
Los 17 objetivos para el desarrollo sostenible adoptados como base por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). Afortunadamente, nuestra Constitución Nacional contempla como derechos, de modo directo o derivado, cada uno de los puntos. La responsabilidad es cumplirla. Apenas eso. Todo eso.
Nuestro Mar, nuestro país bicontinental
Sobre nuestra inmensa plataforma continental. Protejámosla. Es de todos.
A partir de 2016, la Bola se convirtió en la Pelota Oficial del Misura Leyendas. Es un modo de acompañar al emprendimiento de FC Bola, que por cada pelota vendida dona otra en espacios de carencias. Para que la magia del fútbol siga sucediendo en cada rincón, con todos incluidos.
Misura Dona
Desde el Misura Leyendas patrocinamos la idea de ser expresos donantes de órganos. Es una búsqueda compartida, un modesto acto de generosidad. También una invitación para que muchos otros se sumen. Requiere apenas de un par de minutos en la web del INCUCAI, haciendo clic en la imagen..
El Misura Rural
Otra faceta del Misura, la de la solidaridad. En la imagen, en la Escuela Número 1048, de Garabato, Provincia de Santa Fe. Fue el primer establecimiento que apadrinamos -entre 2005 y 2010- a través de APAER. Con Walde, con Pancho, con Tatín, con Grazio, con Nito y con todos los que ocasionalmente se sumaron y se siguen sumando.
Colaborar con APAER y con la educación pública es un modo de recortar distancias y de construir futuro. Sumarse es sumar.
La educación para todos
La educación es un derecho establecido por la Constitución. Sin embargo, hay una frecuente reticencia a garantizar a los presos el derecho a estudiar. UBA XXII es (y debe ser siempre) un espacio imprescindible en nombre de esa búsqueda: un acceso a la educación para todos.
En nombre de la Ley de Glaciares y de la protección del medio ambiente. No a la megaminería. No al vaciamiento. Que Milei no la reforme. La lucha sigue...
Ley de Bosques
La campaña de Greenpeace, el comienzo de una victoria. Que Milei no la destroce.
Soy periodista e inminente abogado. Estudié Publicidad en la UADE y Sociología en la UNQ; primero, Derecho en la UBA. En Clarín desde 1996 a 2023. Fui enviado especial a todas las competiciones de la FIFA y de la Conmebol. También cubrí la Final de la Champions, en 2016. También el Rally Dakar 2004 y el Seven de Dubai 2003. Formé parte de los equipos de Infografía, como asesor periodístico (Premio a la Excelencia de SND en 1999, 2000, 2011 y 2013 y Medalla Malofiej en 2013). Gané el Premio TEA al mejor periodista joven en medios gráficos, en 2004, y el Premio Especial del Año, en 2018, por el trabajo colectivo "Papelitos". En 2013 recibí el "Reconocimiento a la labor periodística" de parte del Congreso de la Nación. Autor de cuatro libros. El último "Fútbol y matemática" (EUDEBA, 2026) junto al Decano de la FCEyN de la UBA, Guillermo Durán. Profesor en TEA y socio colaborador de ACNUR, de Médicos Sin Fronteras y de Greenpeace. También orgulloso fundador e integrante del Misura, en la UBA desde 1993.Linkedin: https://www.linkedin.com/in/waldemar-iglesias-30230163/